Daniel Rowland: “Queremos que Vivaldi suene con la energía y el alma del siglo XXI”

Daniel Rowland presenta en Sevilla Vive Vivaldi, un concierto que conecta el Barroco con Richter y Glass, dos de los autores grandes del contemporáneo
Daniel Rowland
Daniel Rowland

Conciertos como Vive Vivaldi demuestran que la música clásica no solo vive, sino que late con fuerza en el siglo XXI. El violinista anglo-holandés Daniel Rowland, uno de los intérpretes más carismáticos y singulares de la escena europea, llega a Sevilla al frente de la Stift Festival Orchestra para ofrecer un programa que reimagina al genio veneciano a través de las miradas de Max Richter, Philip Glass y Osvaldo Golijov. El virtuosismo y el riesgo conviven en un espectáculo que promete conmover al público del Cartuja Center. Hablamos con Rowland sobre esta poderosa experiencia sonora, su vínculo con Vivaldi y el arte de conectar pasado y presente desde el escenario.

  • «Vive Vivaldi» presenta una fusión entre el barroco y el lenguaje musical del siglo XXI. ¿Qué hace que sea un programa tan especial para usted?

Todo lo que escribe un compositor forma parte de una conversación con la música anterior, y estoy realmente emocionado de presentar este programa, que quiere demostrar cómo los compositores de hoy pueden tomar música de un pasado (lejano) y utilizarla para crear nuevas obras coloristas, imaginativas y realmente fascinantes. Creo que tanto Max Richter como Philip Glass han tomado de forma extraordinaria material brillante del Barroco y lo han reimaginado, recreado de forma muy diferente, muy personal, pero en ambos casos realmente acertada y genuina. Max Richter, por supuesto, toma como inspiración directa las eternamente famosas y queridas Quatro Stagioni de Vivaldi, y lleva esa extraordinaria pieza a otra dimensión, vinculándola de formas muy interesantes con la música de nuestro tiempo. 

  • Max Richter y Philip Glass reinterpretan el legado de Vivaldi desde lenguajes musicales muy diferentes. ¿Cómo aborda estos contrastes como intérprete?

Ambos creadores componen dos de los conciertos de violín más importantes del siglo XXI y ambos toman la imaginativa, colorida y brillante obra de Vivaldi como fuente de inspiración. Esto da idea de la grandeza musical del veneciano. Las dos piezas están cuajadas de energía, ritmo, romanticismo, emoción, conmoción, a veces, y momentos en que la música nos hacen vibrar como una en fiesta de juventud.

El concierto de Glass, fue un desafío creativo que le hizo el violinista Robert McDuffie. Este propuso a Glass crear algo que pudiera ser interpretado junto a las 4 estaciones vivaldianas en un mismo concierto. Philip Glass aceptó la propuesta, pero dejó a la imaginación de oyente adivinar qué movimiento de su obra corresponde a cada estación vivaldiana. Hay similitud entre Vivaldi y Glass: las variaciones sobre el mismo motivo musical y las agradables melodías, la repetición. Aprecio, además, esa capacidad de Philip Glass para dejar que la audiencia sacara sus propias imágenes de la música.  No hay instrucciones para el público, ni pistas sobre dónde podría aparecer la primavera, el verano, el invierno y el otoño en el nuevo concierto y eso nos permite un divertido ejercicio de conjeturas psicológicas. La interpretación de la obra de Glass nos permitirá “jugar” con la música y emplazar al público de Sevilla a identificar cada estación.

La propuesta de Richter es directamente una reinterpretación y recomposición completa de las estaciones del veneciano. Conserva el 75% de la obra de Vivaldi, se eleva sobre su base, la enfatiza con su visión posmoderna y minimalista, de forma muy emocionante. Es una traducción posmoderna de una obra barroca a la que ilumina con nuevas tonalidades, sin desvirtuarla. Entra y sale de la obra de Vivaldi. La abordamos con el «lenguaje postclásico», que posee y  se inspira en influencias como la música electrónica, el punk, la música de club o el rock psicodélico. Richter descartó tres cuartas partes del original de Vivaldi y lo sustituyó por su propia música. Suena un poco más moderna, más ligera en algunas partes, y más oscura y cinematográfica en otras. Aun así, la versión remodelada de Richter conserva la forma básica, y gran parte del espíritu, de los cuatro conciertos para violín originales del maestro.

  • Los críticos suelen destacar la intensidad y singularidad de su sonido. ¿Qué busca transmitir al público cuando interpreta estas obras?

Las Cuatro Estaciones de Vivaldi probablemente son la pieza de música clásica más famosa jamás compuesta, la primera pieza de «música programática». Vivaldi describe vívidamente las alegrías, la belleza, el drama, el sentido de la maravilla, el tremendo poder y la fascinación sin fin de las estaciones: el canto de los pájaros, las ninfas y los campesinos bailando, el calor, la tormenta destructiva, los placeres de la cosecha y el gélido invierno y todas las alegrías que conlleva. En muchos sentidos, se trata de una pieza innovadora y radical. Eso es lo que buscamos transmitir.

Todo lo que escribe un compositor forma parte de una conversación con la música anterior, así que busco transmitir el placer de interpretarlas, el ponerlas en pie como si la música de Vivaldi renaciera con formas contemporáneas. Son obras brillantemente imaginativas, totalmente cautivadoras y adictivamente enérgicas. En la obra de Richter la música entra y sale de Vivaldi, utilizando la música de Vivaldi, brillantemente colorida e infinitamente evocadora, como trampolín e inspiración para una nueva obra maestra, rebosante de energía eléctrica y brillantes paisajes sonoros muy propios de nuestro tiempo.

La Orquesta del Festival Stift, que usted fundó, celebrará su vigésimo aniversario en 2025. ¿Qué significa para usted interpretar este repertorio con ellos en Sevilla?

Fundé el Festival Stift en 2005, hace veinte años, en el hermoso pueblo del este de Países Bajos donde crecí. El objetivo del festival siempre ha sido ofrecer tanto interpretaciones intrépidas e intensas de las obras maestras más famosas de la música, como crear programas en los que éstas se conecten con obras mucho menos conocidas, y música nueva.

También el encuentro de artistas internacionales conocidos con jóvenes talentos está en el ADN del festival. En los últimos años hemos tenido algunos compositores muy inspiradores en residencia, como Pēteris Vasks, Osvaldo Golijov, Olli Mustonen, Elena Firsona y Roxanna Panufnik. La orquesta nació de esta mezcla de artistas brillantes y consagrados y de la energía de los jóvenes talentos de toda Europa que se reúnen en el Festival para interpretar y abordar obras maestras con una energía contemporánea. El próximo 16 de diciembre estaremos por vez primera en Sevilla, en el fantástico escenario de Cartuja Cite, y estoy seguro de toda la energía cautivadora de la ciudad se unirá con la fuerza de los talentos que me acompañan y el color de la música de Vivaldi que inspira el programa, hasta hacer un concierto absolutamente emocionante.

¿Qué papel toma usted en este programa en el que actúa como solista y director artístico musical de la orquesta? ¿Cómo es la relación con sus músicos, tanto los solistas como los encargados de las partes a tutti?

Me encanta actuar como director solista, por la interacción y conexión tan directas que esto me permite tener con los demás músicos en el escenario. Me siento muy feliz rodeado de todos estos músicos maravillosos que comparten mi sentido de la aventura, la comunicación y la creación musical en el momento. Estar en el centro del círculo, capaz de establecer conexiones con todos los intérpretes individuales, es pura alegría: por ejemplo, cuando hago un dúo con el violonchelo solista (Verano 2), o cuando soy uno de los gorjeos de los pájaros cantores, junto con los otros ocho violines (Primavera 1), o con el violonchelo solista en los pasajes originales de Vivaldi, como el «cuco» (Verano 1) y la hilarante música de los «campesinos borrachos» en Otoño 3». Ese encuentro da lugar a una música tremendamente enérgica y emocionante.

Si hoy pudiera conversar con Vivaldi, ¿qué le gustaría decirle sobre este concierto y estas nuevas versiones de su música?

Son 8 estaciones contemporáneas, y a la vez intemporales las que tocaremos. Quiero pensar que la infinita imaginación, virtuosismo, color y ternura de estas obras, permiten comprender los momentos lentos de Vivaldi, pero llevándolos a un lugar más tierno e íntimo. Y los pasajes más “salvajes” y rápidos de Vivaldi irán a un lugar tremendamente emocionante. Es una pregunta extraordinaria la de cómo sería hoy su música con nuestra sensibilidad del siglo XXI. Más que decirle, estaría fascinado por conocer su propuesta en nuestros días.