Antonio Santiago Cabello: “Me gustaría que mi hijo siguiera el mismo camino”

 

Antonio Santiago Cabello dejó una de las entrevistas más personales de su trayectoria en el programa La Pasión, donde, por primera vez en solitario, abordó su historia, sus emociones y la responsabilidad de continuar una de las sagas más influyentes del martillo en Sevilla.

El capataz no dudó al señalar su principal devoción: “La Esperanza Macarena”, a la que definió como “nuestra madre, la que nos acurruca cada noche con su manto”. En la misma línea, eligió al Señor del Gran Poder como referencia cristífera, reflejando un perfil profundamente clásico en sus devociones.

Uno de los momentos más destacados de la conversación llegó al recordar sus inicios. Santiago evocó una escena siendo apenas un niño, cuando su padre lo llevó ante el paso de la Virgen de la Aurora: “Mi padre me cogió en brazos” e hicimos juntos la llamada”. Aquel instante marcó el comienzo de una trayectoria que, apenas un año después, lo sitúo ya delante del martillo en sus primeras experiencias.

La figura paterna atraviesa todo su discurso. “Mi padre es mi maestro y mi compañero de fatigas”, afirmó visiblemente emocionado. De él asegura haber aprendido no solo el oficio, sino valores esenciales como la honradez, la fidelidad y la responsabilidad. También tuvo palabras para su abuelo, Manolo Santiago, figura clave en la historia reciente de las cofradías: “Fue un grande”, lamentando no haber podido vivir plenamente su magisterio.

El capataz también dejó ver su lado más íntimo al recordar uno de los momentos más recientes de la Madrugá: el encuentro con sus hijos en la calle Feria. “Me eché a llorar”, confesó, explicando que verlos delante de la Virgen tras todo el esfuerzo de la Cuaresma supuso un cúmulo de emociones. “Le pedí mucha salud para ellos y para toda mi familia”, añadió.

Sobre el peso del apellido Santiago, reconoció la exigencia que supone: “Mi abuelo fue un grande, mi padre para mí es el número uno y yo tengo que llegarle por lo menos a algún punto”. Una presión que asume con naturalidad, consciente del listón heredado y del escrutinio constante, especialmente en el contexto actual de redes sociales.

Santiago también reflexionó sobre lo que significa ponerse delante de la Esperanza Macarena. “Es un privilegio y una responsabilidad tremenda”, explicó, detallando que durante el recorrido suele ir “mirándole a la cara”, aunque combinando ese sentimiento con la concentración que exige dirigir una cofradía de tal magnitud. En ese sentido, subrayó la complejidad del papel del capataz, que va mucho más allá del martillo: coordinación, horarios, atención al cortejo y toma de decisiones en momentos de máxima presión. “Esto nunca se termina de aprender. Todos los años hay que aprender una cosa nueva”, afirmó.

La entrevista también dejó reflexiones sobre el crecimiento de las cuadrillas y la dificultad de gestionar la alta demanda. Santiago recordó la reciente igualá de la Macarena con cerca de 700 aspirantes, de los que solo una pequeña parte pudo entrar, evidenciando la necesidad de dar paso a nuevas generaciones sin olvidar a quienes llevan años esperando su sitio.

Finalmente, reivindicó valores esenciales en la relación entre capataz y costalero: “La honradez y la lealtad”. Para Santiago, ese vínculo sigue siendo la base de un oficio que, más allá de la técnica, se sustenta en la confianza mutua y el compromiso.