Ni el peso ni las horas: este es el verdadero riesgo para la espalda de costaleros y cargadores en Semana Santa
La inminente celebración de la Semana Santa ha llevado a la Sociedad Española de Columna Vertebral (GEER) a difundir una serie de recomendaciones dirigidas a costaleros y nazarenos con el objetivo de prevenir lesiones derivadas del esfuerzo físico que exigen las procesiones. La campaña, lanzada en redes sociales, pone el foco en la importancia de adoptar hábitos y técnicas adecuadas para proteger la espalda.
Uno de los momentos más delicados para los costaleros es la levantá, donde se produce el mayor esfuerzo físico. El paso de cuclillas a la posición erguida implica soportar grandes cargas en un instante crítico, por lo que los especialistas insisten en evitar arquear la espalda. Mantener la columna alineada permite repartir la presión de forma correcta sobre los discos intervertebrales y reducir el riesgo de hernias. A esto se suma la necesidad de activar correctamente el core, apoyando los brazos sobre la trabajadera y manteniendo el tronco ligeramente inclinado hacia delante para lograr mayor estabilidad.
El trabajo bajo el paso no es menor. Cada costalero soporta entre 30 y 40 kilos de media, pudiendo llegar hasta los 64 kilos, lo que genera una carga continuada durante horas. Este esfuerzo somete a la columna a microtraumatismos y fuerzas de compresión que pueden desencadenar contracturas cervicales, degeneración discal o lesiones en la parte posterior de la espalda. Por ello, resulta esencial un correcto ajuste del costal, situando el apoyo en la séptima vértebra cervical —la más prominente— para evitar impactos directos. Asimismo, el uso de fajas lumbares específicas (lumbostatos) aporta un refuerzo adicional en la zona baja de la espalda.
Los nazarenos tampoco están exentos de riesgos. Las largas horas en pie, que en algunos casos alcanzan las 15 horas, pueden provocar lumbalgias severas debido a la fatiga muscular y a los periodos prolongados sin movimiento. En este sentido, los expertos subrayan la importancia de cuidar el calzado y la pisada, ya que un mal apoyo puede generar desequilibrios que deriven en problemas no solo en la espalda, sino también en tobillos y rodillas.
La prevención pasa, en gran medida, por una adecuada preparación física. El fortalecimiento de la musculatura de la espalda y del core, especialmente de los músculos estabilizadores profundos como los multífidos, resulta clave para soportar el esfuerzo. Actividades como la natación, el remo, la bicicleta estática o el pilates ayudan a mejorar la resistencia y la estabilidad. Además, los ensayos previos permiten una adaptación progresiva al peso, reduciendo el impacto durante las procesiones.
Durante los días de estación de penitencia, también es fundamental adoptar medidas de cuidado muscular. Realizar estiramientos antes y después del recorrido ayuda a prevenir la rigidez y a liberar la tensión acumulada. Tras el esfuerzo, la aplicación de frío local —siempre protegida con un paño— contribuye a evitar hematomas y a controlar los efectos de los microtraumatismos. Del mismo modo, el uso puntual de analgésicos habituales, siempre bajo recomendación médica, puede ayudar a prevenir espasmos musculares en las horas posteriores.