Un sueño en fuera de juego, la historia de Philip y Utoblo

Philip en el hospital, acompañado por Pedro Prados. | Carmen Prados.

Este es el duro relato de dos jóvenes nigerianos a quienes les prometieron poder vivir del fútbol en Europa, se hundieron por culpa de no conseguir sus papeles y ahora sobreviven gracias a la caridad andaluza

Todo humilde futbolista sueña siempre con jugar en las grandes ligas, ser una estrella, poder vivir gracias a su pasión... Precisamente ese era el sueño de Philip y Utoblo, dos jóvenes nigerianos que pasaron de poder cumplir ese sueño a sufrir una terrible pesadilla.

Ambos jugadores vieron en el balón su oportunidad para una vida mejor, es más, así se lo prometieron los ojeadores del Mavlon FC, un club de Lagos que entre agentes, torneos y contratos le garantizaban jugar en Europa.

Al principio todo parecía legal, llegando incluso a jugar en Andorra, pero los papeles nunca llegaron, cortando la carrera de Philip y Utoblo John Audu.

Desde el frío norte tuvieron que buscar un nuevo refugio, encontrándolo en el cálido sur, concretamente en la localidad de La Roda de Andalucía, un pequeño pueblo de la Sierra Sur de Sevilla.

“He estado en La Roda durante un tiempo y ahora juego en el Puente Genil Sénior B. Sólo intento dar lo mejor de mí y agradezco a quienes me apoyaron desde que llegué”, comenta Utoblo. Este joven sigue en la ciudad pontana luchando por regularizar su situación, aunque al menos, desde el equipo le han buscado trabajo y apoyo asistencial.

Por otro lado, a Philip le ha tocado vivir una historia más cruda, pues el pasado 15 de enero sufrió una rotura de ligamentos y menisco, siendo operado la semana pasada. Al menos, el joven nigeriano tuvo la suerte de encontrar a sus ángeles de la guarda, Pedro Prados y Davinia Barrera, una pareja de rodeños que se ha convertido en su familia, dándole un techo, comida, ropa y acompañándole en todo su proceso médico.

Gracias a personas como ellos este mundo es un lugar un poco mejor, la esperanza no está perdida del todo. Ellos están en el lado opuesto de esas mafias que prometen contratos y visados a jóvenes africanos, piden dinero a las familias y los abandonan al llegar a Europa, sin papeles y sin salida legal.

La administración y los servicios sociales no les brindan la ayuda necesaria, el sistema les deja en fuera de juego, pero es ahí donde la solidaridad del pueblo se abre paso y aunque los papeles sigan pendientes, ninguno de los dos ha perdido la fe.