Más recursos y autonomía, el poder de lo local reivindica su calidad de vida

Publicaciones del Sur reúne a los regidores de Cañada Rosal (Rodrigo Rodríguez Hans), Lucena (Aurelio Fernández), Marmolejo (Manuel Lozano) y Conil de la Frontera (Inmaculada Sánchez) para debatir sobre los retos y las oportunidades de sus localidades

Una financiación justa y adecuada es la principal reclamación de los pequeños y medianos municipios andaluces aunque no la única, porque el municipalismo también reclama autonomía para adaptar esos recursos a su propia idiosincrasia, sean municipios de interior o sean municipios costeros, adaptar los programas a sus necesidades por si requieren VPO nueva o rehabilitación, mejores infraestructuras de comunicación para estar realmente conectados y seguir incrementando las oportunidades de sus vecinos porque vivir en un pueblo es calidad de vida, cercanía y esa distancia corta que garantiza vivir lo auténtico.

Son algunas de las reflexiones extraídas del último encuentro Publicaciones 7.0, que bajo el título ‘El Poder de lo Local en Andalucía’ ha reunido en el Centro Cívico de Cañada Rosal, en plena campiña sevillana, a cuatro alcaldes para hablar de sus retos y reivindicaciones, de su economía y de sus problemas. Con el apoyo de Prodetur-Diputación de Sevilla y Diputación de Huelva, además de colaborado los ayuntamientos de Cañada Rosal, Marmolejo y Lucena, los protagonistas locales esta vez han sido Rodrigo Rodríguez Hans, alcalde de Cañada Rosal (Sevilla) y vicepresidente de Prodetur; Aurelio Fernández, alcalde de Lucena (Córdoba); Manuel Lozano, regidor de Marmolejo (Jaén); y a Inmaculada Sánchez, primera edil de Conil de la Frontera (Cádiz).

A pesar de las diferencias entre las cuatro poblaciones, unas pequeñas y otra grande de interior y una costera, los regidores defendieron que sus municipios son “tierra de oportunidades”, donde se ha diversificado la economía y se han incorporado las nuevas tecnologías y el emprendimiento joven a pesar de tener sectores productivos muy predominantes, como pueda ser el turismo en Conil o la industria del frío o la metalurgia en Lucena, con un peso importante del primario (pesca, agroindustria, huertas), con un nivel de servicios e infraestructuras, a pesar de sus reivindicaciones, que los hacen ser atractivos porque “ofrecen lo que no ofrece una gran ciudad”.

La financiación local

Con grandes diferencias en lo que respecta a su población, porque no es lo mismo un Marmolejo “donde nacen 50 pero mueren cien” que una población como Conil que pasa de 24.000 habitantes a 120.000 en época estival, la clave para todos está en una reforma de la financiación local al margen de los colores políticos. Más aportaciones de la PIE, de la Patrica, de Bruselas pero “justa y adecuada” a cada uno de los municipios, a sus realidades y a sus necesidades, que responda de verdad no sólo a sus gastos corrientes sino también a esas competencias impropias que asumen los Ayuntamientos porque, al final, son la administración más cercana y a la que llaman para pedir soluciones cada uno de sus ciudadanos.

Y esto es adaptable a los retos que tienen ahora mismo cualquier sociedad, como es el caso de la vivienda. “Inasumible” es adquirir una vivienda en Conil de la Frontera por la presión turística, mientras que para Marmolejo, el foco deba estar más en los programas de rehabilitación de vivienda, mientras en Lucena, con una gran cultura emprendedora, la agilidad en los trámites sea la clave, porque, y eso ocurre en todos los ámbitos, el ritmo de lo público y lo privado debe acercarse para hacer posible que cada las iniciativas vayan a buen puerto.

Junto con la financiación, otro tema clave del debate ha sido la conexión, el déficit de infraestructuras. El tren es un anhelo para Marmolejo o para Cañada Rosal, mientras Conil pide no sólo estar conectada por carretera sino también otros servicios porque “no hay conexión entre las dos bahías” y capacidad eléctrica, como reclamaba, Lucena, “porque nos tienen olvidados, no estamos en la planificación eléctrica” para tener una subestación. 

Pero también otras demandas como “no perder los servicios sanitarios” que ya se tenían o mejoras en las carreteras para no quedar incomunicados, reclamaba Cañada Rosal, o una nueva depuradora, tan necesaria para que Conil pueda atender a su población flotante derivada del turismo, su principal fuente de ingresos.

Pero si de verdad hubo algo en lo que coincidieron los cuatro alcaldes fue en defender la calidad de vida de sus municipios, la importancia de la cercanía, de vivir y mantener la identidad de cada una de sus poblaciones, que los niños puedan ir solos al colegio o el sentimiento de pertenencia. Y todo, con los mismos servicios y prestaciones aunque haya que seguir reivindicando, y a todos, lo que necesitan cada uno de ellos.

Rodrigo Rodríguez-Hans, alcalde de Cañada Rosal (Sevilla) y vicepresidente de Prodetur. | David Martínez

“La Junta se estancó en la financiación directa, la Patrica se ha quedado grabada en piedra”

El alcalde de Cañada Rosal, Rodrigo Rodríguez-Hans, aseguró ayer que “lo que no son cuentas, son cuentos, por mucho que optimicemos los recursos, no podemos hacer magia”, en relación a la necesidad de que se aborde, al margen de partidos, la financiación local, no sólo para la propia autonomía local sino también para las competencias que sumen los municipios y que no son suyas.

Reclamó con vehemencia una actualización de la Patrica (Participación en los Tributos de la Comunidad Autónoma), apuntando que mientras la Diputación de Sevilla “es la que más encima está” al ser un municipio pequeño y el gobierno de España ha ido actualizando la PIE (Participación en los Ingresos del Estado), “la Junta se estancó en cuanto a la financiación directa, la Patrica se ha quedado grabada en piedra, no se ha reforzado y eso hay que reconsiderarlo”, además de que algunos cánones sean finalistas, como el de residuos. “Necesitamos financiación a fondo perdido para desarrollar la autonomía local”, resumía.

Rodríguez-Hans también hablo del intento de su municipio de que haya una línea de FP en su instituto, que ni siquiera tiene Bachillerato, resaltando la fuerte apuesta por el Centro de Iniciativas Empresariales, y también reclamó un centro de salud con todos los servicios y no tener que desplazarte a Osuna, Écija o Sevilla. “No podemos perder los servicios que hemos tenido toda la vida”.

Para el alcalde de Cañada Rosal, es necesario que se arreglen las carreteras que los conectan con Écija y La Luisiana, y ha reconocido como un “sueño” que llegase el tren a su localidad, porque sería ideal una comunidad más vertebrada por tren, con un impacto brutal y “más barato” que el AVE. Eso sí, reconoció que en poblaciones como lo suya tendría que pesar más la rentabilidad social que la económica.

Aurelio Fernández, alcalde de Lucena (Córdoba). | David Fernández

“Necesitamos capacidad eléctrica. Tenemos viviendas terminadas pero no tienen suministro”

Aurelio Fernández, alcalde de Lucena, resaltó en varias ocasiones la cultura emprendedora que caracteriza a su localidad, Lucena, y cómo las administraciones, todas, deben apostar por los municipios, por su futuro y por su calidad de vida, porque a los ayuntamientos “se nos exige más que a nadie”. Para Fernández, además de la necesidad de abordar como debate estatal una financiación más justa “y para todos”, también apostó por ser exigentes con todas las administraciones y sin olvidar lo que han supuesto los fondos europeos. “Sin ayudas de Bruselas -unos 9 millones de euros- no hubiéramos tenido la ciudad que tenemos”, por lo que se necesita más para “seguir transformando la ciudad”.

Puso de ejemplo las grandes empresas que continúan “creyendo en su municipio”, con plantillas de mil trabajadores, y el reto de ofrecer facilidades para que se implanten y atraer y retener a la población joven. Eso sí, no se olvidó de las necesidades formativas en los sectores que son punteros y reivindicó una “FP pegada al territorio”. “Seguimos peleando con la Consejería para que adapte la oferta educativa de FP a lo que necesitamos”, para atender las necesidades de las empresas instaladas en Lucena. “La Consejería debe ser receptiva”, zanjaba.

Aceptando que las competencias de los ayuntamientos “son las que son”, Fernández reflexionó sobre la necesidad de agilizar los procedimientos, “si hay un trámite, que no se eternice”. Eso sí, señaló la necesidad, no sólo de que se mejoren carreteras e infraestructuras física sino también la capacidad eléctrica. “Tenemos viviendas terminadas pero no tienen suministro eléctrico”, lamentaba apuntando una realidad generalizada en todo el territorio andaluz.

Manuel Lozano, alcalde de Marmolejo (Jaén). | David Martínez

“Somos los sumideros de la democracia, se olvidaron de nosotros tras la dictadura”

El alcalde de Marmolejo, Manuel Lozano, se mostró especialmente crítico con la histórica infrafinanciación local, un problema “capital” para los ayuntamientos que no se ha abordado cuando, a su juicio, lo lógico es que la política funcione “de abajo para arriba” y todo debería empezar por lo local. “Eso es mendigar”, decía sobre cómo se van buscando fondos de una u otra administración. “Somos los sumideros de la democracia, se olvidaron de los ayuntamientos tras la dictadura”, se lamentaba, señalando que Marmolejo es capaz de generar unos 7 millones pero necesita al menos 11 millones y sin ayudas, el municipio no puede subsistir.

Lozano también reflexionó sobre la situación general actual, donde “no hay estabilidad política en ningún sitio” pero “la fortaleza está en los municipios”, por lo que hay que hacerle ver a los que tienen que legislar que con la financiación local se arreglan los problemas de los ciudadanos, los recursos se los tienen que dar a los que dan servicio al ciudadano.

También hizo una interesante reflexión sobre los cambios que ha tenido su pueblo tras la crisis del ladrillo y la madera, que hicieron quebrar a varias empresas punteras, que ha dejado también a esos sectores sin relevo generacional, lo que se ha superado con diversificación, siguiendo el consejo de un viejo alcalde local: “prefiero diez empresas pequeñas a una grande”. De hecho, puso un ejemplo curioso: “las berenjenas de Almagro son de Marmolejo” pero la construcción de una conservera les va a permitir vender directamente todos los productos de la huerta de la zona que tanta fama tienen.

Y reivindicó mejores carreteras para que el que vive en Marmolejo pueda ir a trabajar a Jaén y anheló la vuelta del tren a su localidad, pero no sólo de pasajeros, sino también de mercancías, un apoyo más para su economía.

Inmaculada Sánchez, alcaldesa de Conil de la Frontera (Cádiz). | David Martínez

“El turismo está muy bien, deja mucho dinero pero al Ayuntamiento lo deja en déficit”

La alcaldesa de Conil de la Frontera, único municipio costero que participó en el debate, puso sobre la mesa la problemática de las localidades que suman a una infrafinanciación local histórica, la realidad de una población que pasa de 24.000 a 120.000 habitantes. “El turismo está muy bien, deja mucho dinero, pero al Ayuntamiento lo deja en déficit”, resumía Inmaculada Sánchez, que pedía más flexibilizar al sistema precisamente para adaptarlo a la idiosincrasia de cada municipio. “Tenemos que buscar como autofinanciarnos”, decía en referencia a las diferentes tarifas de las zonas de aparcamiento, para obtener recursos para servicios básicos como es la limpieza, un problema a resolver “y hay que dar la cara”, apuntaba.

No es el único aspecto negativo del turismo. El precio de una vivienda, al ser zona turística, es “estratosférico” y uno de los grandes problemas del municipio, especialmente para la población joven, y aunque hayan construido tres promociones de vivienda, con una media equiparable a Bilbao, “tengo más de mil demandantes más, no llegamos”. Es el “doble peaje” que pagan los municipios turísticos, por lo que reclamaba un mayor esfuerzo inversor a todas las administraciones, incluida Europa, de donde le han llegado los últimos fondos.

A pesar de que el turismo es la base económica de la localidad, Sánchez también ha alabado la diversificación que han llevado a cabo sectores económicos tan tradicionales como la pesca, que ya no es sólo la tradición y la almadraba, o la agricultura a través de sus dos cooperativas, pero también poniendo freno a las grandes empresas hoteleras: se apuesta por los pequeños hoteles, familiares, también revierte positivamente en la economía local.