Manuel Villanueva: “Yo no soy el mejor, solo alguien que quiso ser capataz como su padre”
Manolo Villanueva repasa en La Pasión una vida entera dedicada a los pasos, la fe y la honradez bajo el martillo
En el último programa de La Pasión, Víctor García Rayo mantuvo una de las entrevistas más esperadas y emotivas de la temporada con Manolo Villanueva, uno de los capataces más influyentes de la historia reciente de la Semana Santa de Sevilla. Con humildad, claridad y una gran carga emocional, Villanueva repasó toda una vida al frente de pasos de hermandades como el Gran Poder, Santa Marta, San Roque, Santa Genoveva, Las Cigarreras, la Amargura o los Servitas.
Uno de los momentos más personales de la conversación llegó al hablar de la Virgen de la Victoria de Las Cigarreras, con la que mantiene un vínculo emocional especial: “Me vence porque en ella veo a mi madre. Vengo de familia cigarrera y me veo reflejado en todas ellas. Por más que la miro, más me atrae”, confesó.
Sobre su relación con el Señor del Gran Poder, relató que acude a visitarlo en silencio, con la confianza de quien habla con un amigo: “Cuando tengo que pedirle, lo hago como a un amigo, por mi gente. Si no creemos en nada, esto no tiene sentido”. También reflexionó sobre la fe de los costaleros: “Yo no creo que nadie se meta debajo de un paso sin ser creyente. Cada uno lo será a su manera, pero la imagen tiene algo que te llega”.
Al recordar sus inicios, explicó que su vocación era clara: “Quería ser capataz como mi padre”. A pesar de los elogios recibidos a lo largo de su carrera, subrayó su visión humilde del oficio: “No soy el mejor, ni me las quiero dar de nada. Soy uno más que ha querido hacer esto con honradez”.
En ese sentido, remarcó que nunca ha pedido una cofradía: “Lo que tenemos ha venido porque las hermandades han confiado en nosotros. Yo no he ido a pedir nada”. También insistió en que en este mundo hay que ser honesto y no perder el rumbo: “Lo que tenga que venir, vendrá. No tenemos que salirnos de nuestra línea”.
Recordó con emoción su llegada a la Hermandad de la Amargura en 1984, en un momento personal complicado: “Estaba cansado y pensaba dejar las cofradías. Me volvió el gusanillo cuando me llamaron de San Juan de la Palma. Ahí todo cambió”.
Sobre temas de actualidad en el mundo de las cofradías, fue tajante al rechazar las prácticas de presión de costaleros en elecciones: “Jamás he movido costaleros para votar. Si un hermano mayor decide que no debo seguir, me iré en silencio, como llegué”.
También respondió a las críticas sobre el supuesto cobro por dirigir pasos: “Eso existía antes, cuando estaba implantado. Desde que comenzaron las cuadrillas de hermanos, dejé de cobrar. No necesito dinero de nadie. Tengo mi trabajo y estoy aquí por vocación”. En el caso de Santa Marta, donde los costaleros siguen cobrando, explicó: “Es una decisión interna. Nosotros pagamos y ellos deciden qué hacer con ese dinero”.
Villanueva también dio su opinión sobre la música procesional y el papel de las bandas: “La banda debe acompañar, no dar conciertos. Si paro el paso, deben cortar. Si no, el público solo espera que termine la marcha”. Y en cuanto al estilo de andar, afirmó: “Nunca he andado hacia atrás con un paso en Sevilla. Los pasos deben ir siempre de frente. Si otro lo hace, lo respeto, pero yo no seré quien lo haga”.
En su despedida pública, anunció que esta ha sido su última entrevista y última participación en mesas redondas: “No quiero medallas. Me voy tranquilo, con la conciencia limpia y sabiendo que he hecho lo que debía”.