José de Cristóbal se despide de la Hermandad de los Panaderos pidiendo "reconciliación"

José de Cristobal

José de Cristóbal González ha hecho pública una carta de despedida como comisionado diocesano de la Hermandad de los Panaderos, en la que repasa su etapa al frente de la corporación del Miércoles Santo y lanza un mensaje de agradecimiento, perdón y reconciliación entre los hermanos.

En el escrito, Cristóbal recuerda que llegó a la hermandad a finales de febrero del pasado año por encargo de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, con el objetivo de prestar un servicio a la Iglesia de Sevilla y a sus cofradías. Desde el inicio, asegura, procuró que la corporación mantuviera su actividad habitual, desde los cultos y la vida de cofradía hasta la conservación del patrimonio, la capilla y las acciones de caridad, de forma que la presencia de una comisión no alterara el día a día de la hermandad.

El ya excomisionado destaca que encontró a un grupo de hermanos preocupados por la situación interna de la corporación y dispuestos a colaborar para superar un momento de incertidumbre. También reconoce que existían diferencias y enfrentamientos entre algunos miembros, aunque subraya que, pese a ello, se mantuvo una actitud de colaboración para avanzar.

En su carta, Cristóbal insiste en que nunca pretendió identificar “mejores” o “peores” hermanos dentro de la corporación y pide disculpas si alguien pudo interpretarlo así. Según explica, la elección de sus colaboradores en la Junta Rectora respondió únicamente a la búsqueda de personas eficaces, con espíritu de servicio y entrega a la hermandad.

El comisionado agradece expresamente el trabajo de quienes han formado parte de la Junta Rectora, así como de capataces, auxiliares, cuadrillas, costaleros, camareras, vestidor, acólitos, capiller, Comisión Consultiva, director espiritual, párroco y otros colaboradores. De manera especial menciona a su adjunto, José Luis Pérez, de quien destaca su dedicación, trabajo y fidelidad durante este periodo.

La carta también dedica palabras de recuerdo a dos momentos dolorosos vividos durante su mandato: el fallecimiento del hermano número uno, José Luis Jiménez, y la muerte de Manolo García Tejada, a quien define como una persona con la que se podía crecer en la hermandad desde la reconciliación.

Cristóbal reconoce que se marcha con la “insatisfacción” de no haber conseguido la estabilización definitiva de la Hermandad de los Panaderos. Asume esa responsabilidad como propia y señala que confió en sus cualidades y en su experiencia de 26 años en juntas de gobierno, aunque finalmente “no ha podido ser”.

Pese a ello, asegura que se retira sin rencor hacia nadie y con la mano tendida a todos los hermanos. En su despedida, anima a quienes continúen trabajando por la hermandad a hacerlo desde el sentido de pertenencia a una organización de la Iglesia, sin olvidar que una Junta Rectora es una realidad temporal y circunstancial.

El escrito concluye con una llamada al perdón y a la reconciliación, citando a san Juan Pablo II: “El hombre que perdona o que pide perdón comprende que hay una verdad más grande que él”.