Garduño: “El día que deje el martillo será el más duro de mi vida”

Manolo Garduño en La Pasión

Manolo Garduño lleva prácticamente toda una vida delante del Señor del Soberano Poder ante Caifás. Medio siglo después de asumir el martillo de San Gonzalo con apenas 16 años, el capataz repasó en La Pasión una trayectoria marcada por la devoción, la responsabilidad y el vínculo con una cuadrilla que considera parte esencial de su vida en una entrevista cara a cara con Víctor García Rayo.

Garduño recordó sus inicios en 1976, tras el accidente de Juan Vizcaya, cuando la propia cuadrilla pidió que tomara las riendas del paso. “Con 16 años se me nombró capataz. Evidentemente, una locura que no se entiende sin el contexto de la época”, explicó. También rememoró el complicado Lunes Santo de 1980, cuando la cuadrilla tuvo que acudir de urgencia para relevar el paso en plena calle.

El capataz definió al Soberano como una presencia cercana, casi familiar. “Me lo hace muy cercano, como si fuera un amigo”, afirmó. En su memoria permanece el primer encuentro con la imagen, cuando la vio recién llegada a Sevilla en una caja de cartón: “No podía suponer que lo que estaba viendo en ese momento me iba a marcar tanto la vida”.

Sobre su futuro, Garduño reconoció que aún no piensa en retirarse mientras mantenga la ilusión y la fuerza: “Mientras tenga ese pellizco todos los Lunes Santo, seguiré”. No obstante, admitió que el día de la despedida será especialmente duro: “Seguro que el llanto se escuchará más que mis palabras”.

El capataz también habló de su cuadrilla, a la que definió como “los pies del Soberano”, y destacó la importancia del ambiente interno, la confianza y la hermandad bajo las trabajaderas. “Para mí es importantísimo que haya buen ambiente debajo del paso”, señaló. Además, confirmó que ya ha dado pasos para preparar el relevo, incorporando a Fede Barrero al equipo exterior como posible continuador natural cuando llegue el momento.

Durante la entrevista, Garduño también reflexionó sobre el significado de ser capataz y la responsabilidad que implica dirigir a una cuadrilla de más de un centenar de hombres. Para el veterano cofrade, la técnica es importante, pero aún más lo es el factor humano. “Lo más difícil es llevar al grupo”, aseguró, insistiendo en que la convivencia y la unión son fundamentales para que todo funcione bajo el paso. “Un paso muy igualado es importante, pero si no hay buen ambiente, esto se pone complicado”, afirmó.