La Feria de Abril se viste de tonos tierra y trajes canasteros
La Feria de Abril apura sus últimas horas y el Real deja ya algunas pistas claras de por dónde camina la moda flamenca en cuanto a tendencias. Este año, entre todas las tendencias, como ya se venía avisando tras los desfiles celebrados, han ganado peso los tonos tierra, los trajes canasteros y una forma de vestir más cómoda, natural y con mucho movimiento.
Los colores clásicos siguen ahí, pero esta Feria ha confirmado el auge de una paleta más serena. Terracotas, beiges, ocres, mostazas, marrones y verdes oliva se han visto con fuerza como alternativa al rojo, al fucsia o al negro clásico que se venía observando en ediciones anteriores. También han tenido presencia los colores pastel, como el rosa, el celeste o el verde agua, y los tonos joya, con el azul y el verde esmeralda como apuestas más llamativas.
En cuanto a las formas, una de las tendencias más visibles ha sido el traje de flamenca canastero. Son trajes con faldas de mucho vuelo, caída amplia y volantes que aportan movimiento, una opción que ha ganado terreno por su comodidad y por lo bien que aguanta una jornada larga en el Real, que este año han sido tendencias, con jóvenes y no tan jóvenes en las casetas hasta el amanecer. El talle bajo, a la cadera o incluso por debajo, estiliza la figura y recupera una silueta con aire ochentero, pero adaptada a tejidos actuales y más ligeros.
Los volantes han vuelto a mandar, aunque este año se han llevado más pequeños, más repetidos y repartidos por todo el traje. En las mangas se ha visto casi de todo: largas, al codo, cortas, globo o jamoneras. La idea general ha sido clara, menos rigidez y más movimiento.
Los complementos también han cambiado el paso. Los mantoncillos se han llevado más cortos, con flecos de menor longitud, y los pendientes XL han vuelto a ser una de las piezas más llamativas del conjunto, rememorando también a esas tendencias de principios de los 90. Aros grandes, lágrimas, flores, lazos y diseños artesanales han acompañado a una flamenca menos recargada, en la que también han ganado terreno las flores naturales y colocadas de forma más desenfadada.
La otra imagen de la semana la han dejado las influencers. Varias creadoras de contenido han pasado por la Feria vestidas por diseñadores locales, convirtiendo el Real en un escaparate con miles de impactos en redes sociales. Su presencia, sin embargo, también ha generado rechazo: durante estos días han aparecido pegatinas críticas con quienes llegan de fuera para usar la Feria como escenario sin conocer, según quienes protestan, la tradición que hay detrás.
En una Feria cada vez expuesta a las redes, la moda flamenca ha vuelto a demostrar su capacidad para renovarse sin perder sus códigos. Los tonos tierra, los trajes canasteros, los volantes con movimiento y los complementos artesanales han marcado una edición en la que también ha quedado claro que la tradición sigue siendo un terreno sensible para Sevilla.