Los albures del Guadalquivir baten récord de contaminación por Cobre Las Cruces

Los propios datos que la empresa minera Cobre Las Cruces aporta a la Junta de Andalucía sobre los vertidos de agua con metales al río Guadalquivir ponen en evidencia la presencia de cobre y manganeso “a nivel mundial” en los albures del Guadalquivir, cuyos músculos también mostraron presencia de récord de cromo, níquel, plomo, selenio y zinc, unos daños ecotoxicológicos que podrían estar afectando ya a otras especies animales del río y de su estuario.

Así lo pone de nuevo en evidencia un nuevo informe científico de la Universidad de Sevilla, que encabeza el ecólogo Jesús Castillo junto con otros dos catedráticos de Ecología, dos investigadoras antropólogas y una estudiante de predoctoral de la Universidad de la Sorbona de París que se centra en los análisis realizados por la empresa minera en junio de 2025 desde el punto de vertido de Cobre Las Cruces (actualmente sin producir pero en vías de retomar la actividad) hasta el estadio de La Cartuja.

El informe recuerda que la mina ha vertido desde 2008 “millones de litros de agua con metales” al estuario a la altura de La Algaba, que conllevan la llegada al Guadalquivir un máximo anual autorizado de 360 kilos de zinc, 90 de níquel, 45 de arsénico, cobre y plomo y 9 kilos de mercurio, entre otros metales y metaloides potencialmente tóxicos.

Tras analizar el seguimiento de la concentración de metales en el músculo de albures (peces) capturados en la zona de estudio, “el informe ha detectado niveles de bioacumulación de cobre y manganeso récord a nivel mundial en los peces analizados en junio de 2025”, con concentraciones de entre 9,6 y 28 mg/kg en el caso del cobre y de 37,1 de manganeso.

También las concentraciones de cromo, níquel, plomo, selenio y zinc “estuvieron entre las mayores registradas a nivel mundial” mientras que las de arsénico y cadmio “fueron mayores a las registradas en albures en el Estuario del Guadalquivir tras la rotura de la balsa minera de Aznalcóllar en 1998”. Según el estudio, “la alta bioacumulación de metales registrada estaría causando daños ecotoxicológicos a los peces y podría estar afectando a otros muchos animales en el Guadalquivir”.

El informe destaca también que estos altos niveles de bioacumulación de metales en los peces “aumentaron cuando la temperatura del agua fue mayor” y el equipo de investigación destaca que en un escenario de calentamiento global “podría estar aumentando el impacto de la contaminación metálica en el estuario del Guadalquivir al favorecer la bioacumulación”, por lo que se incumpliría el Plan Hidrológico del Guadalquivir, al no mejorar la calidad ambiental de las masas de agua que incluye “aguas, sedimentos y biota”.

Riesgo de padecer cáncer

En cuanto al riesgo para la salud pública que tendría consumir esos albures contaminados y capturados en junio de 2025, el informe concluye que “el riesgo cancerígeno era mayor que el riesgo no cancerígeno”, siendo el cadmio el que conllevó mayor riesgo. “Según este criterio, el consumo diario de músculo de albur no debería superar 17 y 21 gramos por día en mujeres y hombres, respectivamente, para minimizar el riesgo cancerígeno a largo plazo”, apuntan los investigadores, que le suman que “todas las muestras analizadas superaron los niveles de plomo legalmente establecidos por la UE para consumo de carne de pescado”.

“La relevancia del impacto trasciende el ámbito ambiental y de la salud, ya que el Estuario del Guadalquivir constituye un espacio de extraordinario valor antropológico y patrimonial”, señala el estudio recordando el arraigo de la “cultura riachera”, incluyendo actividades como la pesca artesanal, el marisqueo y la acuicultura, que “depende, en gran medida, del buen estado ecológico del ecosistema estuarino”.

Los investigadores apuntan que la necesidad de reconocimiento y regulación de la pesca interior “choca con la elevada bioacumulación de metales en el albur en la zona de vertido de la mina”, una contaminación que “podría significar el inicio del sacrificio del Guadalquivir a la minería, ya que la contaminación minera excluiría a otras actividades como la pesca”, según los investigadores.

Moratoria y comité de expertos

“Este informe se une a otros informes y artículos científicos que vienen evidenciando las muchas lagunas que hay en el conocimiento de los efectos que los vertidos mineros han tenido, están teniendo y podrían tener en el Estuario del Guadalquivir y la salud pública”, por lo que insiste en apelar al principio de precaución y establecer una moratoria a los dos nuevos vertidos mineros autorizados en el estuario del Guadalquivir y constituir “un comité de expertos independientes que analice, en profundidad, los impactos socioambientales de los vertidos mineros al Guadalquivir”.

El vertido de la Mina de Cobre Las Cruces durante su explotación a cielo abierto habría conllevado un máximo de 12.150 millones de litros con metales y metaloides entre 2009 y 2023. El nuevo vertido, ya autorizado por la Junta de Andalucía, de esta misma mina en una fase de minería subterránea conllevaría un máximo de 39.780 millones de litros. El vertido de la Mina de Los Frailes de Aznalcóllar, también autorizado, conllevaría además el vertido de 85.520 millones de litros. “Es decir, los dos nuevos vertidos anunciados multiplicarían aproximadamente por diez el volumen de vertido”, concluye el informe.