Lo que han descubierto unos científicos andaluces en el intestino podría cambiar la medicina preventiva

La investigadora de la Universidad de Sevilla Cristina Plata. | Junta de Andalucía
El hallazgo identifica una molécula producida por la microbiota que refuerza las defensas naturales del organismo

Un grupo de científicos andaluces ha identificado una molécula producida por las bacterias intestinales que podría convertirse en una pieza clave para mejorar la salud digestiva y prevenir trastornos inflamatorios. El hallazgo, en el que participan la Universidad de Sevilla y el Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia (INRAE), ha contado con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía.

El estudio demuestra que el isovalerato, una sustancia generada durante la digestión de las proteínas por parte de las bacterias intestinales, contribuye a fortalecer la barrera protectora del intestino, un mecanismo esencial para impedir la entrada en el organismo de microorganismos y otras sustancias potencialmente dañinas.

El isovalerato, una molécula clave para proteger el intestino

Los resultados de la investigación, publicados en la revista científica 'American Journal of Physiology', abren nuevas posibilidades para diseñar estrategias nutricionales orientadas a aumentar la producción natural de esta sustancia.

Los investigadores consideran que esta línea de trabajo podría resultar especialmente beneficiosa en personas que siguen dietas con un bajo contenido en fibra y un elevado consumo de proteínas.

El isovalerato es una de las moléculas que producen las bacterias intestinales durante el metabolismo de las proteínas y ayuda a preservar la integridad de la barrera intestinal, una estructura fundamental para proteger al organismo de agentes externos.

Cómo actúa esta sustancia sobre las defensas naturales

Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico estudió distintas sustancias generadas durante el metabolismo de las proteínas y analizó sus efectos sobre la barrera intestinal.

Los ensayos demostraron que el isovalerato incrementa la resistencia del intestino frente a la entrada de bacterias, virus, toxinas y otros agentes perjudiciales, además de reducir la permeabilidad del tejido intestinal.

Asimismo, los investigadores comprobaron que esta molécula activa procesos biológicos relacionados con la inmunidad innata, la protección frente al estrés oxidativo y el correcto funcionamiento de las células intestinales.

"Evaluamos su resistencia eléctrica, un parámetro que es un indicador de lo robusta que es la barrera intestinal frente a la entrada de toxinas, bacterias, virus y cualquier agente externo que pueda dañar este órgano", explica a la Fundación Descubre la investigadora de la Universidad de Sevilla Cristina Plata, coautora del estudio.

Los experimentos realizados por los científicos

La investigación se desarrolló utilizando modelos tridimensionales de intestino porcino creados en laboratorio, una tecnología que permite reproducir el comportamiento de los tejidos de una forma muy similar a la que se produce en un organismo vivo.

De forma paralela, mediante herramientas bioinformáticas, los expertos identificaron varias bacterias habituales de la microbiota intestinal capaces de producir isovalerato.

Este descubrimiento refuerza la idea de que determinadas comunidades bacterianas desempeñan un papel esencial en el fortalecimiento de las defensas naturales del aparato digestivo.

La relación entre la microbiota y la salud digestiva

El isovalerato actúa como un filtro, impidiendo el paso de microorganismos y otros agentes capaces de provocar inflamación, infecciones o alteraciones en el organismo tras la exposición oral.

Los investigadores destacan que mantener el equilibrio de la microbiota intestinal y reforzar los mecanismos de protección del organismo resulta fundamental para preservar la salud general.

El isovalerato también desempeña un papel relevante en la descomposición de la leucina, uno de los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo humano no es capaz de producir por sí mismo.

Este compuesto llega al organismo a través de alimentos ricos en proteínas como las carnes magras, entre ellas el pollo, el pavo y la ternera; pescados como el salmón o el atún; lácteos como el queso parmesano; además de legumbres y semillas como las habas, los guisantes secos, el edamame o los piñones.

Nuevas posibilidades para prevenir enfermedades inflamatorias

El estudio concluye que el isovalerato también regula mecanismos biológicos vinculados a la inflamación y a la actividad antimicrobiana, lo que abre la posibilidad de utilizar esta molécula en el futuro para prevenir o tratar trastornos asociados a desequilibrios de la microbiota intestinal y enfermedades inflamatorias crónicas.

Los investigadores ya trabajan en nuevas fases del proyecto con el objetivo de validar estos resultados en modelos más avanzados y analizar posteriormente su aplicación en patologías digestivas e inflamatorias relacionadas con alteraciones de la microbiota.

Además de la financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, este trabajo científico ha contado con el apoyo económico del Instituto Nacional de Investigación Agrícola de Francia (INRAE).